
El Síndrome de apnea del sueño (SAS) es una enfermedad que se caracteriza por obstrucción de las vías respiratorias superiores durante el sueño. Esta obstrucción puede ser total o parcial, con pausas sin respirar (apneas) pueden durar hasta 2 minutos. Estas pausas se repiten del orden de 400 ó 500 veces cada noche, originando un cuadro generalizado de grave hipoxia (escasez de oxígeno en sangre) e hipercapnia (exceso de CO2) con relevantes efectos secundarios sistémicos y oftalmológicos. El SAS se clasifica en leve, moderado y grave, en función del índice de alteraciones respiratorias (IAR).
Típicamente se ha asociado a varones de edad media, obesos y roncadores. Sin embargo, actualmente en las unidades del sueño se detectan cada día más mujeres e incluso niños, que no responden al fenotipo antes descrito. La musculatura de las vías respiratorias superiores, pierde tono y obstruye la vía aérea. El tono se recupera cuando el paciente se despierta durante la apnea, y así, hasta 500 veces por la noche. La consecuencia es que estas personas presentan somnolencia durante el día, bajo rendimiento en el trabajo y sufren más accidentes de tráfico y laborales.
El SAS es actualmente considerado como un factor de alto riesgo cardío-circulatorio, ya que con las pausas de apnea se produce una activación del simpático, asociándose a arritmias cardíacas e hipertensión que muchas veces es incontrolable. Estos pacientes tienen mayor policitemia, cor pulmonale crónico e insuficiencias cardíacas. A veces estos pacientes son diagnosticados erróneamente de un cuadro depresivo.
Las alteraciones oftalmológicas asociadas a este síndrome son el párpado fláccido (floppy eyelid syndrome), conjuntivitis, blefaritis (inflamación de los párpados), distriquiasis (alteración de la dirección y crecimiento de las pestañas) patología corneal, por la tendencia a dormir con los párpados entreabiertos (por una deficiente función de los mismos) y asociada a la alteración blefaroconjuntival, neuropatía óptico-isquémica anterior (NOIA), como consecuencia directa de la isquemia, edema de papila y glaucoma.
La asociación entre glaucoma y SAS ha sido descrita recientemente. Según los autores, la prevalencia de glaucoma en pacientes con SAS oscila entre el 7 y el 9% (en la población general se estima un 2%). Las mismas causas que se han invocado para la NOIA, la isquemia, la pérdida de autorregulación del flujo sanguíneo, las alteraciones del óxido nítrico, los problemas cardiocirculatorios y pulmonares, que todos ellos son considerados factores de riesgo de glaucoma normotensivo.
El oftalmólogo debe sospechar esta situación y remitir al paciente a una unidad del sueño, ya que, al tratarse de pacientes jóvenes, su futuro visual e incluso vital puede verse comprometido. Los pacientes mejoran espectacularmente con presión positiva continua vía nasal (nasal-CPAP). Otras medidas son dormir de lado, perder peso, o la cirugía.
Para saber más:
http://www.oftalmo.com/studium/studium2001/01-08.htm
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=39493
http://www.medigraphic.com/pdfs/revmexoft/rmo-2008/rmo082b.pdf
http://www.laboratoriosthea.com/archivos/publicaciones/00121.pdf
Artículo en Journal Of Glaucoma
NOV



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