Ojo seco


Denominamos Síndrome de Ojo Seco a un grupo heterogéneo de enfermedades en las que la película lagrimal, bien sea por alteraciones cualitativas o cuantitativas, no consigue mantener una adecuada homeostasis de la superficie ocular. Este déficit lagrimal puede ser por una producción demasiado escasa, o por un exceso de evaporación. Se estima que suponen el 30% de las causas de consulta oftalmológica.




La sintomatología consiste en sensación de picor, dificultad para abrir los ojos por las mañanas, sensación de arenilla o cuerpo extraño, acompañado muchas veces de enrojecimiento ocular. Frecuentemente, los pacientes refieren que la única forma de estar aliviados es cerrando los ojos, con franca dificultad para mantenerlos abiertos, en los casos que ya son moderadamente graves. Raro en personas jóvenes, suele aparecer en personas por encima de los 40 años, y por sexos, más frecuente en mujeres, sobre todo tras la menopausia.


Afortunadamente aunque la prevalencia es alta (se calcula en un 15% de la población), la mayoría de las veces se trata de un problema leve. A medida que la persona cumple años, la secreción lagrimal disminuye, y si además concurren otros problemas oculares, o el paciente debe instilarse fármacos en colirio diariamente, la sintomatología del ojo seco se acrecienta, y la enfermedad tiende a agravarse. Su tratamiento es difícil ya que raramente es etiológico (de la causa) y las más de las veces nos tenemos que conformar con un tratamiento paliativo pero bastante eficaz, aunque se deberá mantener de por vida. Sólo en casos excepcionales el ojo seco constituye una enfermedad grave que amenace la visión, pero, como siempre, es fundamental diagnosticarlo adecuadamente y a tiempo.




El diagnóstico no suele ser difícil, y tras realizar una sencilla exploración, el oftalmólogo, teniendo en cuenta los síntomas del paciente, lo hará sin dificultad. Habitualmente se realizan una serie de pruebas más o menos sencillas. La más habitual es el tiempo de rotura lagrimal (BUT), cuya anormalidad inidica la realización de otras pruebas más específicas. Otras pruebas son el test de Schirmer, que estudia la cantidad de lágrima producida, medición de la altura del menisco lagrimal, tinciones específicas, aclaramiento lagrimal, osmolarimetría, etc.


Las lágrimas artificiales son la mejor y muchas veces la única alternativa para el tratamiento de estos enfermos. Existe una amplia gama de productos que proporcionan mayor humedad al ojo, y en algunos casos aportan componentes que pretenden añadir cierto control sobre las manifestaciones inflamatorias. Nuestra función será realizar un correcto diagnóstico, y prescribir el producto más adecuado en cada caso. Desde pomadas oftálmicas nocturnas, lágrimas con o sin conservantes, lágrimas más espesas o más líquidas tendremos que ir buscando la que mejor tolerancia presente y de más alivio a nuestro paciente. También en ocasiones hay que tratar enfermedades que suelen acompañar y agravar a un ojo seco como es la blefaritis, alteraciones palpebrales (ectropión, entropión, distriquiasis), neurológicas (parálisis facial) e inmunológicas.




Es importante insistir en que se trata de una enfermedad crónica, por un déficit cuantitativo y/o cualitativo de la lágrima. La sintomatología y las manifestaciones que experimenta el paciente son la consecuencia de este déficit. Es muy frecuente que los pacientes se instilen las lágrimas artificiales cuando notan disconfort. Pero hay que hacerles entender que para que se produzca disconfort, el ojo lleva horas sufriendo esa falta de humectación. Por tanto, actuando de esa manera, el ojo siempre estará seco, y lo único que hace el paciente es aliviar puntualmente sus síntomas, pero las consecuencias de la sequedad ocular seguirán empeorando. La dosis de lágrima varía en cada paciente. Lo ideal es que el paciente cumpla escrupulosamente las indicaciones del médico, pero si hay dudas, es una buena guía instilarse tantas gotas al día como sea necesario para no notar ninguna molestia.


Existen cuestionarios que se utilizan en clínica para evaluar los síntomas de los pacientes, estableciendo grados de gravedad en función de la intensidad y frecuencia de dichos síntomas. Mediante unas preguntas sencillas se puede establecer en qué medida el Ojo Seco afecta a la calidad de vida del paciente. El más utilizado es el OSDI. Puede acceder a una versión automatizada a través de este enlace: CUESTIONARIO OSDI.

Ver Vídeo (en inglés) sobre ojo seco.

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