Lentes intraoculares: un poco de historia…


Cuando aquel estudiante, cuyo nombre permanece en el anonimato, que asistía a las intervenciones de cataratas del Dr. Harold Ridley en los años treinta le espetó: ”es una lástima que no sea usted capaz de sustituir el cristalino que retira por otra lente para devolver la vista a su paciente” – tras una de ellas magistralmente realizada y de la que su autor se sentía especialmente satisfecho -, además de un jarro de agua fría a su orgullo profesional, sembró en él un deseo de responder al reto lanzado. Los avatares de una cruel contienda y la casualidad, le dieron por fin la respuesta y le enseñaron el camino.

Corrían los primeros años cuarenta, y Europa se hallaba inmersa en el mayor desastre de toda su historia. La Segunda Guerra Mundial se hallaba en su apogeo, y los jóvenes y arriesgados pilotos de la RAF defendían el cielo de Inglaterra de las incursiones de los aviones de la Luftwaffe. Tras las cruentas batallas, los aparatos que sobrevivían al combate, volvían maltrechos a sus bases. Muchos de ellos con las señales de una encarnizada lucha: alas rotas, agujeros en el fuselaje, carlingas tiroteadas, y muchos pilotos con graves heridas, y no pocos de ellos en los ojos…

Tras examinar y tratar a un buen número de ellos, Harold Ridley descubrió que aquellos que habían sufrido heridas tras el ametrallamiento de sus carlingas por los aviones enemigos, en no pocos casos presentaban perforaciones oculares y cuerpos extraños intraoculares provenientes del plástico del que estaban hechas. El cristal era muy pesado y se rompía con facilidad, por lo que los aviones de la época utilizaban PlexiglasR en Alemania y PerspexR en Inglaterra, que era una suerte de polimetil-metacrilato, y que posteriormente tendría infinidad de usos industriales.

Harold Ridley observó que los fragmentos de plástico alojados dentro del ojo de los pilotos heridos no producían reacción alguna de los tejidos oculares. De esta forma, Ridley intuyó cuál sería el material del que estaría hecha la lente con la que podría cerrar la boca a aquel impertinente estudiante.

La primera lente intraocular fue implantada por Ridley en el St. Thomas Hospital de Londres, el 29 de noviembre de 1949. Era una lente discoidea, sin hápticos. Ridley no estaba muy contento con la estabilidad que presentaba ni con la miopía que había provocado en la paciente, y decidió extraerla, dejando que el ojo curase durante tres meses, y entonces volvió a realizar otro implante en febrero de 1950. En los 12 años siguientes, se implantaron un total de 1000 lentes de Ridley, con un porcentaje de éxito del 70%. En cuanto a los fracasos, un 20% presentaron desplazamiento, un 10% glaucoma y algunas fueron retiradas.

Entusiasmado, Harold Ridley declaró en una ocasión, que le gustaría ser recordado por el hombre que curó la afaquia (ausencia de cristalino), o al menos el que inició el proceso de su curación.

Pero quizá lo más sorprendente, es que estas intervenciones se llevaron a cabo en voluntarios humanos. Durante más de un año se entrevistó a un numeroso grupo de hombres y mujeres. A todos se les explicaba la finalidad de la intervención, pero también los riesgos que conllevaba, que nunca antes se había llevado a cabo, y que corrían el riesgo de perder el ojo. En unos tiempos tan heroicos como aquellos, y en el esquema de la mentalidad anglosajona, también se les hizo hincapié en que ”su gesto ampliaría los horizontes de la Oftalmología, y que las generaciones futuras se beneficiarían del uso de las lentes intraoculares”. Los pacientes que se preseleccionaron para explicarles el proyecto, eran portadores de catarata exclusivamente unilateral, para que, en el caso de nefastas complicaciones, les quedase siempre un ojo.

Desde nuestra óptica actual, y con nuestra lógica latina, nos resulta difícil imaginar que nadie en su sano juicio accediese a aceptar tal ofrecimiento. Sin embargo, dos personas, en otros tantos hospitales se presentaron voluntarios. Una vez realizadas las dos primeras intervenciones, fueron adhiriéndose nuevos candidatos. Probablemente, fuera la única forma de llevar a cabo esta empresa en aquellos tiempos. Gran parte de las críticas que Harold Ridley recibió en su tiempo hacen referencia a este hecho, con frases como: ”tal operación no debería haberse hecho nunca”, o que ”tal proceder ofende los principios de la cirugía oftálmica”.

Ridley hubo de enfrentarse a innumerables críticas. Citando las palabras de Wilfrid Trotter, en una ocasión escribió: ”el más poderoso antígeno conocido por el hombre es una nueva idea”. Entre sus más acérrimos detractores se encontraban personajes de la talla de Duke-Elder, por lo que se deduce que debió de verse en no pocas ocasiones inmerso en situaciones no demasiado agradables. La polémica de las lentes intraoculares prosiguió apasionadamente durante décadas, hasta que, mediados los años ochenta, y gracias a los avances técnicos que se fueron produciendo, su uso terminó por imponerse. Así, tras muchos años de avatares, diseños, pruebas, éxitos y fracasos, rechazos e incomprensiones, las lentes intraoculares consiguieron por fin su lugar indiscutible en toda cirugía de cataratas.

Consideraciones éticas aparte, lo cierto es que gracias a la iniciativa de Ridley y su equipo, de la implicación de la industria química y óptica, y, cómo no, al aguerrido valor de aquellos voluntarios, es posible la realidad actual de las lentes intraoculares.

Harold Ridley fue nombrado caballero del Imperio Británico por la Reina Isabel II de Inglaterra el 19 de febrero de 2000, 50 años después del primer implante realizado. Se premiaba así a toda una carrera que tanto significó para la Oftalmología Mundial y para la Humanidad. Nunca patentó su invento. Seguro como estaba de su éxito final, decidió trabajar e investigar más para obtener un resultado seguro para su uso. En la actualidad, 6.000.000 de personas se benefician anualmente del producto de su genio, al recibir un implante de lente intraocular.

Sir Harold Ridley murió el 25 de mayo de 2001, a punto de cumplir los 95 años de edad.

Sirva, pues, este espacio en nuestra web, como humilde y sincero homenaje a un hombre generoso y un oftalmólogo genial.

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